No importa lo que estés haciendo, siempre puede ser momento de escuchar el “ping” de tu celular. ¿Escribiendo una nota? PING. ¿De pase de visita? PING. ¿Dando consulta? PING. ¿Descansado o incluso, durmiendo? ¡¡¡PING!!! Entre las interminables notificaciones y llamadas de teléfono, uno termina condicionado por el nefasto ruido que inmediatamente desata tu respuesta de pelea-huída. En pleno siglo XXI el celular ha sido tanto una bendición como una maldición. Antes, una vez que salías del trabajo, ahí terminaba tu responsabilidad y tu día. Ahora, no hay hora de salida y todo el tiempo se exige que estés conectado con tu equipo de trabajo.
Aún con el infinito flujo de mensajes, el celular también funciona como una excelente herramienta de trabajo ya que permite la comunicación y coordinación entre todo el equipo de trabajo. Mi internado lo realicé en un hospital privado, aquí nos pedían de forma obligatoria portar con teléfono celular, precisamente para integrarnos a la forma cómo se trabajaba en este hospital. Nosotros usábamos el celular para anotar y reportar cualquier eventualidad de importancia con el resto del servicio. Por lo tanto, como interno tenías que realizar pendientes y posteriormente reportarlo de forma adecuada al WhatsApp y posteriormente al “censo oficial”. Así, utilizábamos el WhatsApp como una plataforma de notificaciones y también como un registro. Estos procesos consumen bastante tiempo y también pueden causar confusión, esto porque terminábamos con muchos registros (varios censos, y varios grupos de WhatsApp), y la información entre cada registro a veces era distinta.
Después de la documentación y registro de nuestras actividades, también había que revisar la validez de los datos compartidos. La gran ventaja de este sistema era la seguridad que gozábamos todos los usuarios. Como trabajador, si realizaste una tarea y subiste evidencia de haber concluido, gozabas de cierto grado de protección adicional contra regaños injustificados.
En el servicio social también utilizábamos los celulares para organizarnos, coordinarnos y actualizarnos. Durante este periodo no tuve tantos problemas con el uso del celular personal por motivos de trabajo, salvo por las exigencias de compañeros o superiores de contestar de forma inmediata. Este último punto se me hace de lo más frustrante porque existen muchas personas que mandan un mensaje y esperan recibir respuesta de forma inmediata. En lo personal, cuando estoy trabajando en labores clínicas, primero me enfoco en la tarea que estoy realizando y una vez concluida la tarea, me tomo la libertad de revisar mi celular. Hago esto principalmente por eficiencia, respeto al paciente e higiene.
Sin embargo, el celular es una computadora que nos abre las puertas a la base de datos más grande del mundo, el internet. Por esta razón, el celular tiene una gran variedad de funciones y herramientas que genuinamente mejoran la medicina moderna. Con nuestro celular podemos acceder a revistas médicas, libros, calculadoras médicas, cámara, luz, etc. Aun con estos beneficios, la verdad es que se puede volver fácil depender de la tecnología al grado de delegar el trabajo mental que requiere el trabajo analítico del médico. Creo que la forma correcta de usar estas tecnologías radica en un punto medio, donde no dejemos de usar y desarrollar nuestras capacidades cognitivas, pero sí podamos usar las nuevas tecnologías con el fin de mejorar la atención clínica. En otras palabras, apoyo la idea de usar el celular en contexto clínico, pero sin dejar de memorizar y aprender.
El celular llegó y no se irá de nuestras vidas en un futuro cercano. Debemos aprender a usar la tecnología para nuestra ventaja y mejorar la atención clínica. Por desgracia, también son una forma fácil de acceder entretenimiento instantáneo, y eso termina por volverlos comúnmente en distracciones. Habría que mejorar nuestra relación con los celulares, porque en momentos parecería que ya son ellos los que nos controlan…