Ansiedad

A pesar de sentir bastante ansiedad no me consideraba como una persona ansiosa. Francamente, la ansiedad me acompaña desde la niñez, así que no es un problema exclusivo al ámbito médico. Sin embargo considero que este último sí es un factor agravante. Y esto nos lleva al tema de la resiliencia y tolerancia a la frustración, que parece haber dos “escuelas de pensamiento” y son, 1) que las generaciones más nuevas no toleran la frustración de la vida y, 2) que las generaciones más nuevas ya no quieren tolerar abusos sistematizados. Creo que gracias a la tecnología, la hipótesis #1 tiene algo de verdad, pero la hipótesis #2 parece resonar más con la realidad.

Durante la universidad teníamos cargas de trabajo/estudio pesadas, incertidumbre por calificaciones arbitrarias, ambientes hipercompetitivos, clases anti-pedagógicas, etc. Este estrés aumenta drásticamente durante el internado y la residencia. La cuestión es que durante la carrera los médicos quieren prepararte para la realidad laboral de México, que es un ambiente bastante pesado. Culturalmente vemos el trabajo como una cualidad y una virtud; mientras más trabajes, más vales. Enseñanza argumenta que la gran cantidad de horas y la exposición es parte fundamental del proceso de aprendizaje y que esta es la mejor forma de producir médicos de calidad. Entre todos los daños que se sufren durante este proceso, de los más frecuentes que he visto es la ansiedad.

“…ya me estoy adaptando al hospital, ya estoy previendo todo lo que falta por hacer y lo que puede salir mal todo el tiempo…” – me dijo una MIP 1 durante mi internado. Ella genuinamente sentía que estaba aprendiendo, pero desde afuera veía a mi pobre compañera colapsar con la carga de trabajo. Como interno del hospital era tu función tener muchos sistemas actualizados, por lo tanto era importante estar vigilante a las señales pertinentes, el problema ocurre cuando terminas hipervigilante. Este sentimiento difuso de que algo falta es muy molesto y a muchos nos atosigaba hasta en sueños en días cuando no te tocaba ir. Verdaderamente eran pesadillas de que se te olvidaban pendientes y el miedo a las repercusiones.

La ansiedad se vuelve la respuesta desadaptativa al estrés crónico que se vive en el ambiente laboral. Funcionalmente te ayuda a corto plazo por este componente de hipervigilancia, sin embargo, a largo plazo sólo termina por causar mayores complicaciones. Durante el proceso de aprendizaje, es sabido que un cierto grado de estrés agudo ayuda y promueve el aprendizaje, pero cuando el estrés es constante y crónico termina por mermar el aprendizaje. Por este último fenómeno no puedo apoyar la idea de crear ambientes ansiogénicos con el propósito de fomentar el aprendizaje.

La solución involucra un cambio en la cultura laboral y esto a su vez significa tener un cambio de valores colectivo, ya que los sistemas de salud funcionan gracias al respaldo de las expectativas institucionales y socio-culturales. Lo que esto significa es que tanto los administradores y médicos, así como los pacientes esperan un tipo de servicio específico de sus médicos. En esta sociedad esperamos que los médicos se desvivan por sus pacientes, y esto como la mayor virtud del médico. Si genuinamente deseamos crear buenos médicos que también sean buenas personas tenemos que darle el tiempo a nuestros médicos para que puedan desarrollarse en otros dominios del ser humano.

Habiendo descrito el cambio colectivo que deberíamos tener, esta última es una solución a los factores externos del médico; un cambio en el ambiente de trabajo. Individualmente también cargamos con la responsabilidad de manejar nuestros sentimientos y emociones. Para esto compartiré las estrategias que más me han ayudado a controlar la ansiedad y el estrés.

La meditación es un ejercicio mental de fijar la atención en un objeto mental, y existen muchas formas de cómo hacerla. Yo me siento con las piernas entrecruzadas, recargado en una pared, y me concentro en mi respiración. Intento mantener mi atención en la sensación del aire pasando por todo mi tracto respiratorio, en cada inhalación y exhalación. Otras personas prefieren concentrarse en el movimiento de la panza al respirar. Otro ejercicio similar es el mindfulness. El mindfulness es cuando intentas enfocarte en el presente, y pones atención a cualquier sensación que estés sintiendo en el momento. En otras palabras, concentrarse en el presente, a lo que sucede “aquí y ahora”. Estos ejercicios ayudan a controlar el flujo del pensamiento, ya que es fácil perderse en uno mismo, y esto ocurre aún más cuando estás cansado y bajo estrés.

El ejercicio es una de las mejores formas de manejar la ansiedad del día a día. Es una forma segura de sacar la energía que se acumula por el estrés, aparte de los beneficios en tu salud física, mental y emocional. En cuanto a rutinas de ejercicio, cualquiera es buena, lo más importante es ir y sacar energía en una actividad que te canse, sean pesas o cardio. Para fines de salud mental, recomendaría mínimo unos 30 min 3 veces por semana.

Tener una red de apoyo también es sumamente importante. Cuando estás en situaciones difíciles, es fácil sentirse completamente solo y terminar absorbido por el trabajo. En esos momentos difíciles no hay como tener a alguien que te escuche y te apoye, o incluso tener alguien que te pueda distraer y sacar de la mentalidad que llevas por estar en “modo trabajo” por mucho tiempo. Muchas veces es difícil encontrar el tiempo o la motivación para ir a ver a tu gente, pero casi siempre vale la pena el esfuerzo.

La alimentación también influye en el estado de ánimo. Los ayunos son el enemigo del estrés y la ansiedad. Cuando llevas mucho tiempo sin comer es más fácil que puedas sufrir una hipoglucemia, y esto a su vez empeora los síntomas del estrés y ansiedad. En los ayunos prolongados también se secretan mayores cantidades de hormonas del estrés. Por eso, como regla, siempre desayuno poco tiempo después de despertar (intento que no sea más de una hora).

Finalmente, dormir una cantidad razonable de horas cada día te cambia la vida. Evidentemente, durante las guardias no puedes sólo irte cuando tienes sueño, pero en los otros días deberías intentar dormir lo que tu cuerpo pida (no siempre se puede lo ideal, pero intenta dormir lo más que puedas). Cuando llevas mucho tiempo sin dormir, naturalmente pierdes resiliencia al estrés, y esto no es generacional, esto nos pasa a todos. Como tu cerebro no tuvo tiempo de dormir (que es una necesidad fisiológica básica) pierdes capacidad cognitiva mientras tu ambiente te sigue exigiendo reaccionar, es normal sentir emociones negativas y reaccionar a tu ambiente de la forma que puedas.

Con estas estrategias, he logrado controlar mi ansiedad la mayor parte de las veces, incluso durante episodios graves. Estas estrategias funcionan mejor cuando las usas a lo largo del tiempo, por eso idealmente deberían formar parte de tu rutina semanal. También es importante reconocer cuándo es que necesitamos ayuda profesional, que suele ser el caso cuando sientes ansiedad constante, grave o al grado que esté afectando tu vida personal. Si sientes que necesitas ayuda es importante no sentirse avergonzado e ir con un psicólogo o psiquiatra, según sea necesario.

La ansiedad se define como una emoción caracterizada por sentimientos de tensión, pensamientos que preocupan y se acompaña de cambios físicos como aumento de la presión arterial. Se dice que es una respuesta generalizada a un peligro difuso. Por eso lo que me dijo mi MIP 1, ella estaba viendo todo lo que podía salir mal antes de que pasara, y eso claramente le causaba preocupación. A partir del servicio social he sentido una gran mejoría en mi ansiedad, aproximadamente hace un año y medio. Este cambio se lo otorgo al estilo de vida que he llevado este tiempo, que incluye tiempo para realizar las actividades que mencioné previamente. También es muy importante hacer aquellas cosas que te hacen feliz, sigan sus pasiones.

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